Por Toni Roderic, Los Verdes de Melilla.
Habitualmente, no me gusta incidir en las responsabilidades jurídicas de los políticos sobre sus actos ni en la penalización de los mismos. Sobre todo, porque la casta leguleya (abogados, procuradores, jueces, magistrados, legisladores…) ya se ha encargado de montar un sistema opaco y alejado de la comprensión del más común de los mortales y al servicio de los que pueden pagar sus servicios. Ya nos explicarán -para que podamos entenderlo- cómo puede ser que Bárcenas esté esquiando en Baqueira, Rato con su yate en Mallorca y Blesa de super-restaurante en Madrid y un desgraciado que roba una bicicleta en la cárcel.
No obstante, me interesa mucho más exigir responsabilidades políticas sobre los hechos de nuestros gobernantes. Sobre todo, porque gestionan nuestro dinero y parece que no son excesivamente eficientes.
Que esta semana nos enteremos que una empresa ha cobrado de la Ciudad Autónoma -de nuestro dinero- 380.000 euros por 22.000 horas de trabajo que no prestó porque algún gobernante firmó que esos trabajos no ejecutados se habían realizado, a poco que lo pienses, te irrita y cabrea y te hace coger un rebote bastante significativo. Pero si, además, te enteras que esa misma empresa ha cobrado 8 millones de euros fraccionando contratos irregularmente. Y luego te enteras que los responsables de Festejos viajan por aquí y por allá pagados por empresarios que luego esperarán algo a cambio. Y que los pleitos se amontonan todas las semanas por contrataciones irregulares y por lo que eufemísticamente Imbroda califica de “errores administrativos”. Y que la otra está imputada por la publicación de un libro que no se sabe dónde está. Y que los caramelos para las fiestas nos cuestan a 35 euros el kilo. Y que, encima, la mayoría de los responsables de este desastre administrativo son protegidos por el jefe en un ejercicio lamentable de descontrol burocrático… entonces, ya la irritación como ciudadano -y pagano- se puede llegar a exteriorizar de la forma más dura.
Porque, para mas “inri”, el máximo responsable –Imbroda– no solo no se responsabiliza de nada sino que, además, protege a la cuadrilla de ineptos -o adjetivo peor- dejándoles continuar gestionando un montón de nuestros dineros y cobrando muy bien.
Si la CAM fuera una empresa, hace tiempo que sus propietarios -todos nosotros- hubiéramos corrido a gorrazos a los responsables. Aquí, entre la indiferencia de unos, la aquiescencia interesada de otros y la poca inteligencia de los que podrían cambiar la situación, el grupito dirigente se descojona de todos nosotros. ¿Hasta cuándo?